ANESTESIA

Me concentro en este cielo falso de mi habitación, imagino charcos de agua jugando con el reflejo de la luna y las estrellas aplaudiendo divertidas; imagino nubes que forman paisajes y me invitan a volar con ellas.

Parece que a lo lejos, una canción susurra mi nombre tratando de devolverme a la realidad, pero ya estoy lejos, me he perdido en el contorno de los árboles a través de mi ventana. Y sueño despierta, sueño que vuelo y te alcanzo; que floto y te toco; que el cielo se encoje para ponerme un poquito más cerca de ti, mientras las estrellas hacen un camino de luciérnagas. Y recuerdo tu sonrisa, aquella que me iluminaba la vida, aquella que ya no está.

He abierto los ojos y estoy de nuevo mirando a mi falso cielo, que ahora parece opaco y con intenciones de lluvia torrencial. Mi sentido del oído se vuelve consciente y escucho; aquella estúpida canción sigue sonando y entiendo que no han pasado ni tres minutos desde que yo atravesé la ventana y volé; y volví y seguías sin estar aquí.

Me fuerzo a dormir, a desactivar la mente, a tratar de adormecer los sentidos para apagar las emociones; lucho contra el enemigo que me palpita en el lado izquierdo del pecho y trato de callarle imaginando un túnel sin luz, y yo, caminando sola en ese túnel, y mientras camino, poco a poco, voy cediendo a la oscuridad y me hundo hasta desaparecer.

Suena una de tus tantas alarmas justo a las 4:45 a.m. y de golpe me hace darme cuenta que el mundo sigue girando y que también tengo obligaciones, que debo levantarme para irme a trabajar.
Y me desperezo estirando los brazos como queriendo tocar las nubes. Me empujo hacia la orilla de la cama, porque aunque no estés sigo guardando ese lado derecho donde dormías, con la esperanza, quizás, de que vuelvas a ocuparlo.
Me siento en el borde de la cama, palpo con mis pies la textura de una alfombra que parece fría y atenuada; me detengo en la ventana que me sonríe con el reflejo de una silueta, tu silueta cada vez que te acercabas a darme los buenos días. Y sonrío recordando tu sonrisa santurrona después de haberme llenado de besos la cara y tus «Te amo, mi amor. Venga, tienes que levantarte ya».
Me levanto y me apresuró a cumplir con mi rutina diaria. He olvidado desayunar, como es costumbre desde que no estás para recordarme que «el desayuno es importante». Te respondo con un «compro fruta en el camino» aunque no puedas escucharme.

Me subo al autobús y me distraigo mirando a través de la ventanilla la prisa con la que corre este mundo, el poco valor que hoy le dan a detenerse a mirar como se ha vestido el cielo. Ese ajetreo constante de vidas vacías; y me uno a ese tumulto de seres opacos, tomando aire y escondiendo mi esperanza y mi ilusión entre mi pecho y espalda.
Y te recuerdo, recuerdo como tú me hablabas de pequeños instantes que marcaban mi eternidad, lo observador que eras y lo mucho que me encantaba. Sonrío y mi reflejo en el vidrio me devuelve el gesto pero con una mirada triste, ausente, porque estoy pero no estás.
Y me enfoco en volver a respirar y en mostrarme inquebrantable ante el resto de pequeños niños con máscaras de adultos que viajan conmigo en este autobús. Y me detengo a mirar a un hombre obeso de mediana edad como su cabellera negra, que sostiene y abraza con ternura a una pequeñita de rizos rubios con una sonrisa de cielo. Y siento como su inocencia y vitalidad se impregnan en este transporte barato que parece que está a punto de quebrarse en pedazos. La escucho reír porque el hombre que la carga simula estornudar, y sigue riendo hasta explotar en sonoras carcajadas que atraen la atención de todo el que viaja en el colectivo; algunos ríen con ella, otros le miran con ternura, otros con añoranza, otros con recuerdos en la mirada de algún tiempo en el que fueron felices; yo, me dejo invadir por esa pequeñita y su sonrisa y siento que puedo volver a soñar y a reír.

Un paisaje aburrido y conocido me recuerda que llegué a mi destino. Me levantó inmediatamente, más por inercia que por deseo.

La mañana se pasa lenta dejando recuerdos tuyos en cada minuto, mientras la tarde llega sigilosa hablándome de ti y de las mil aventuras que soñábamos despiertos entretanto tú recorrías algunas calles, trabajando, saludando, y haciéndome alarde de ese acento tuyo de ave exótica que tanto me gusta.
Dejo que la tarde se escurra mientras cuento los segundos para salir de trabajar y dirigirme como un aluvión al gimnasio, que no calma mi mente pero sí distrae mi cuerpo y apacigua mis sentidos.
Regreso a casa sin sobresaltos dentro de un tedioso camino y charlas absurdas.

7:40 p.m. y te imagino en una clase aburrida a la que hubieses deseado no asistir, y me muerdo el labio para no reír recordando tus comentarios cada vez que yo te sugería que fueses más disciplinado en tus estudios y trabajo.
Te imagino, cierro los ojos y le pido a la Providencia que cuide tu camino de regreso a casa.

La noche avanza intempestuosa mientras yo trato de distraer mis pensamientos en una puta serie que ha volcado todo su argumento de acción en las decisiones que se toman por amor. Y su guión me grita que te extraño y sus escenas me dicen que deberías estar aquí. Apago el computador y me dedico a apaciguarme en un mundo que conozco, en mi habitación, en mi cama que se ha vuelto mi mar en calma, junto a mi almohada que se ha convertido en mi tabla para asirme en la tempestad.

Y de nuevo me encuentro mirando a la ventana, dibujando siluetas con las sombras, inventando canciones que lleven tu voz, imaginando los mundos que creé contigo y que sigo deseando vivir junto a ti.

Y vuelvo al túnel, y me dejo llevar, y me hundo y duermo, y vuelvo a morir.


17 respuestas a “ANESTESIA

  1. Sombras de amor que no se desvanecen y nos persiguen allá donde vamos, el anhelo de los momentos que ya no volverán y recreamos con el espíritu y la imaginación. Poe decía que lo que sueñan despiertos tienen mucho más avanzado que los que lo hacen solo durmiendo. Excelente narración que atrapa de principio a fin. Enhorabuena.

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  2. Me hiciste recordar una especie de relación que tuve hace poco. El “estar juntos” era más un deseo o un ideal que una realización. En la distancia todo parecía perfecto, era lo deseable, pero en cada encuentro todo se desbarataba con enorme facilidad. Ella me idealizaba hasta el absurdo, rechazando mis defectos. Yo, disfrutaba del sexo pero el costo era alto.

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