Supernova

He gritado, llorado, maldecido, me he deshecho, he contrariado con el mundo, me he peleado con la vida, me he hundido, me he quemado, asfixiado y ahogado y nada ayuda, nada calma esta ausencia.

He sonreído fingiendo estar bien, me he abrazado, me he acurrucado a llorar en una esquina de mi alma, te he llamado, te he buscado, me he sentado a esperar.
He maquillado mi dolor, y he querido esconder mi luto, he hablado con las nubes y he discutido con la luna, he negociado con el destino, he inundado el mar con lágrimas, y nada sacia, nada llena este vacío.

Aunque sé que ahora que te has convertido en estrella, cada vez que sonrías iluminarás el universo entero.

Y quise volver a levantarme pero ya no hay fuerzas, todo es fango y lluvia. Todo es recuerdos de lo que fuiste y de lo que yo era contigo. Mis días son música tenue, pesadillas oscuras, laberintos hechos de gritos, anhelos muertos, esperanzas fallidas, oraciones no escuchadas. Silencio y dolor.

Y es que, ¿adónde va lo que jamás soltamos pero ya no está? Adónde se vuelve a encontrar la esperanza? ¿Adónde huye toda la música cuando el silencio entrona la noche? ¿Adónde vamos los rotos para surcirnos las costuras del alma?

¿A quién voy a contarle ahora mis locas ideas de otros mundos? ¿A quién voy a narrarle mis cuentos para niños? ¿A quién voy a presumirle de mi entendimiento con las almas? ¿A quién voy a correr cuando tenga miedo? ¿A quién voy a sujetarme cuando la tormenta sea intensa? ¿A quién voy a susurrarle mis miedos para creerme valiente? ¿A quién voy a hacerle mis preguntas absurdas solo por “curiosidad”? ¿A quién voy a sonreírle hasta sentirme fuerte? ¿A quién voy a ir cuando el mundo me falte? A quién si tú ya no estás y parece que yo me he ido contigo.

Porque tú me faltas, tú que fuiste el único que te quedaste a pesar de mi carácter de mierda, de mis contradicciones absurdas, de mis inseguridades, de mis miedos y todo ese puñado de ambivalencias que siempre me acompañan.

Fuiste tú quién me enseñó que a pesar de estar cortada en trozos podía unir a otros. Siempre me decías que, sin importar mi pasado doloroso, el quejarse de la vida era para cobardes y que yo había nacido valiente.
Y te creía, te creía cada vez que me decías que yo no era una flor sino la primavera entera. Te creía cuando sonriendo me mirabas hasta provocarme la risa. Pero ahora he perdido toda fe, toda esperanza, toda ilusión.

¿Qué hago yo ahora?, ¿cómo pretenden que viva?, ¿cómo me dicen que continúe; que suelte, que avance porque la vida no se acaba? ¿Acaso ellos no saben que yo comencé a vivir el día en que me miraste por primera vez?

Y dicen que no puedo seguir abrazada a tu recuerdo, que no puedo asirme de él para salvarme porque me está ahogando.
Dicen que no puedo quedarme a vivir en la canción que me regalaste aquel noviembre cuando les pusimos nombre a las estrellas.
Dicen que no debería llorar porque eso jamás ha hecho volver de la muerte a nadie.
Dicen que no debería soñar contigo porque hago entristecer al cielo.

Esto, mi pequeño romántico, ya no es ni será poesía.
Esta soy yo sin ti, sin mí, sin nada.
Este es mi corazón pidiendo a gritos una tregua.
Esta es una protesta contra la vida que se llevó a mi vida.
Esta es mi alma desbordada.
Esta soy yo sin máscaras pero con tormentas.


6 respuestas a “Supernova

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