Trescientas millones de veces

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En mi habitación son las seis de la mañana pero el mundo allá afuera parece que corre con tres horas por delante.
No sé, quizás sea mi reloj que prefiere caminar despacio como quien espera que alguien le alcance, o quizás soy solo yo, que procuro atravesar los días corriendo, deseando que los recuerdos no me atrapen.

Pero es inevitable.
He tratado de asfixiar el sentimiento con vino y vuelve en forma de metáforas que me besan la boca con sabor a tequila.
He tratado de enterrarlo con canciones y regresa convertido en latidos que me aceleran el pecho.

Mi habitación sigue igual, la ventana tintinea con un radiante sol, la puerta sigue chirriando como quien persigue un par de pasos en vano; las paredes siguen siendo blancas como un rostro maquillado de hermetismo y falsa felicidad, el cielo sigue siendo falso.

Yo, sigo despertando y sentándome en la cama, acariciando con mis pies el suelo frío, estirando los brazos hacia lo inalcanzable, suspirando y sonriendo como quien se prepara para la batalla final sabiendo de antemano el resultado.

Aquí dentro todo parece flotar en una impermeabilidad habitual, en un pulido color blanco que maquilla dolores y heridas.

Y me repito,
que pronto acabará la función de este circo malogrado, que pronto volverán los colores vestidos de música alegre y poemas de amor.
Me lo repito,
como quien se aferra a esa pequeñita luz que brilla al final de la noche, como quien ha caído y se ha levantado trescientas millones de veces en una sola vida.


9 respuestas a “Trescientas millones de veces

      1. A cierta edad creí que era normal empezar a sentir cada vez menos. Me llevó un tiempo descubrir que era “sólo” un trastorno depresivo. Ahora estoy volviendo a la vida. Hay que empezar a dar pequeños pasos y de a poco tomas velocidad.
        Que todo ande bien.

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  1. cuanto tiempo Primvers. Sé a lo que te refieres, has descrito perfectamente a quienes preferimos el silencio de la noche y nos abruman las prisas de las mañanas en las que tienes que sostenerte con cierta buena cara para un bien común que en realidas poco tiene de común excepto el sacrificio de los que se quedaron sin sueños olvidando recordar que un día los tuvieron, y no en vano a mí se me escapa también la vida en un no acto que presume de ser el preluddio de el último acto, ese que te desnuda por dentro y terminas por reconocer que todas las veces que te levantaste fueron sólo para caer una vez más. No se, es la extraña esencia de una naturaleza.

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  2. Es un placer el comprobar que has decidido seguirme en mi web: “minovela.home.blog”. Estoy segura de que se creará un vínculo increíble entre ambas. Me encanta la idea de compartir contigo la riqueza de mi libro, porque su novedad va más allá de lo cotidiano y su mensaje no nos puede dejar indiferentes.
    ¡Bienvenida!
    Mary Carmen

    Le gusta a 1 persona

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