Circo

Sigo adormeciéndome los sentidos y aligerando el vacío con canciones. Sigo fingiendo que estoy bien, que sólo es una herida y no el torrente que ha desbordado mi alma en dolor. Sigo mintiéndome a mí para salvarte a ti de toda culpa y sentencia.

El día avanza burlándose, la noche se pasea metiendo el dedo en mi llaga sangrante. El reloj no deja de cantar esa tonada sarcástica de un «te lo dije»; las nubes parecen compadecerse al permanecer en silencio; las paredes de mi habitación han decidido darme la espalda; la puerta no deja de chirriar un nombre (el tuyo); el viento se ha llenado de misericordia y me trae un olor a campo fresco, a cielo, a lluvia, a libertad.

Pero yo sigo derramándome en una casa que me desconoce, en un cuerpo que me queda grande sin tus manos.
Sigo atormentando a mi sonrisa para salvar la tuya, rindiendo mis armas para mantener intacto tu reino, ahogándome en silencio para no inquietar tu huida.

Sigo aquí, mi vida, admirando atónita tu magnífica interpretación de loco enamorado que te permitió  llevar a cabo el siniestro asesinato de todos mis sueños.

Sigo aquí, confusa, admirada, de rodillas ante la magnífica escena donde te pusiste el traje del amor de todas mis vidas, solo para estar tan cerca que pudieras con una sonrisa y un “me voy porque te amo” arrancarme de un tajo el corazón.


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